martes, 7 de julio de 2009

Pereza


Oscuridad, un gran y sonoro bostezo, músculos doloridos y la falta de ganas de abrir los ojos. Esto es lo que vive el pequeño hombre de miembros enjutos y piel tal pálida que podría decirse que es casi transparente. La suciedad, el hedor y la apariencia, son cosas que ya no le importan y aunque así fuese, no puede hacer nada al respecto. Lleva tanto tiempo postrado a aquella cama por voluntad propia, que ha perdido las fuerzas, las ganas de levantarse y ha ganado para sí, un cuerpo sin fuerza, enjuto y lleno de llagas. Estas supuran, sangran y le causan dolor, pero esto tampoco importa ya.

Es presa de la mas fatal inactividad, lo sabe y aun así no le presta atención. Su estado de animo, depresivo, le impide ver la realidad de su situación. Es esta depresión la que lo postro en la cama, con el deseo de no volver a levantarse, y esperar y esperar a que la muerte se digne a venir por él. Lleva ya varios meses, esperando y nada, casi esta por cumplir un año en esa cama, donde si bien, una joven va cada día a calentar un poco de comida y acercársela. Pero a cada día que pasa, los platos servidos, se quedan casi intactos, no tiene fuerzas para comer, esta al borde de la muerte y no le importa, el la sigue esperando pacientemente. El ya no es presa de la inactividad, se ha convertido en ella, él es la inactividad.

Las luces siempre apagadas y un sopor eterno es lo que lo rodea, es su realidad. Mudo al final de la habitación, esta un pequeño mueble, donde alguna vez, guardó sus enceres personales, es un mueble de madrea con 3 cajones y un compartimento donde colocaba los zapatos, este estaba coronado por un delgado espejo, complice de tantas conquistas amorosas, y cumplidos que recibió en la cama en la que ahora se encuentra postrado. Durante todo este tiempo de decadencia, aquel espejo, ha sido el único testigo de cuanto sucede ahí. Lleno de polvo y sumido en las tinieblas, es difícil que aquel hombresito, pueda admirase en su realidad.

Todos los días es el mismo ritual, aquella joven, entra a la habitación y a oscuras, recoge los platos casi intactos del día anterior, esponja un poco las almohadas del hombresito enjuto y sale de la habitación, ni siquiera se digna a mirarlo, y le sería casi imposible en la oscuridad en la que se encuentra esa habitación. Todos los días es el mismo ritual. El hedor es cada vez mas insoportable.

Aquel hombre ya no es mas lo que fue, se convirtió en la inactividad. Es culpa de su depresión, piensa el. Es culpa del mal de amores, no quiere aceptar que la culpa es solo suya y que ha llegado a un punto en el cual ya no hay marcha atrás, que aunque quisiera ya no podría levatarse y volver sobre sus pasos. Y la chica, ¿por que esta ahí todos los días? ¿acaso le importa su estado? Se sorprende a si mismo pensando todo esto y vuelve a la inactividad. Pero algo cambio dentro de él, y el único que lo ha notado es el espejo al fondo de la habitación.

Otro día y otra comida, pero esta vez, trata de moverse y de sostener la mano de la chica, ella se aterra y sale corriendo de la habitación, en la carrera deja entreabierta la puerta y un poco de luz se cuela hacia el interior. El hombresito enjuto, mira a su alrededor y por primera vez en meses, contempla su habitación, llena de aromatizantes en los muebles, las paredes y hasta del techo colgaban decenas de ellos, en forma de pino, con distintos colores. Esta visión le aterra y por fin planta su mirada en el espejo polvoso al fondo de la habitación.

Hace acopio de fuerzas y con mucho esfuerzo logra levantarse de la cama. Dificultosamente y agarrándose de todas partes, logra llegar hasta donde se encuentra el espejo, y contempla por primera vez en casi un año, su reflejo, su realidad. Lo que mira, no es de su agrado, los cabellos largos, sucios y enredados, la barba irregular esta sucia y sus miembros se han reducido a piel y hueso, el esfuerzo que esto le causa le provoca que hiperventile. El espejo mira todo en silencio, no se inmuta por el dolor del hombre.

Gira un poco sobre sí y entre jadeos y sollozos, admira las llagas en su cuerpo, la pus y la sangre secas en su ropa, las costras que en su cuerpo abundan, unas de sangre y pus, mientras otras son de mera suciedad, él se convirtió en la inactividad. La escena lo hace entrar en shock, los jadeos son cada vez mas dificultosos, es difícil respirar y mantenerse en pie. La habitación empieza a darle vueltas, la mirada se le nubla y vertiginosamente cae al suelo de espaldas, golpeándose estrepitosamente contra el mueble del espejo, una de las esquinas ha golpeado su endeble nuca y la ha roto. Aquel hombresito enjuto, cae al suelo, moribundo, desangrándose. No le importa, no hace nada por pedir ayuda. Es la inactividad y la muerte tan añorada, parece que por fin ha de llegar.

Desde arriba, el espejo contempla como aquel hombre, reducido a un costal de huesos y pellejos, se desangra, después de casi un año de ser la inactividad, de no hacer absolutamente nada, de esperar a que la muerte viniese por el. Aquel espejo le regala una irónica sonrisa, mientras se deforma para poder contemplarlo mientras muere, el hombre, mira su reflejo, su realidad y no le gusta lo que ve, es solo el remedo de lo que alguna vez, fue, pero ahora ya no importa, la muerte esta cerca, ya empieza a sentir la caricia de la bella dama.

Los ojos se le cierran lentamente y una sonrisa se dibuja en su rostro. El espejo le devuelve la sonrisa, mientras contempla al hombre que se volvió la inactividad.

En medio del charco de sangre, yace el hombre de miembros enjutos, sonriente, triunfante, la muerte por fin llego por el. El espejo regresa a su fría postura al fondo de la habitación, no mas sonrisa sarcástica, regresa al polvo y la rigidez del fondo de la habitación. El hombresito se convierte entonces en su propia realidad, un hombre exitoso y capaz que se convirtió en la inactividad, consumiendose a si mismo por casi un año.

Ahí, en el suelo, en medio de un charco de sangre, yace el pobre hombre, víctima de la Pereza.

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